El proyecto

    La producción científica en el campo de la investigación del mundo fenicio-púnico en Occidente, en especial en las últimas décadas, ha alcanzado un volumen respetable, que exige una sistematización cada vez más urgente. Una gran parte de los resultados obtenidos por los investigadores ven la luz en obras de difusión restringida, que sólo muy difícilmente se extienden fuera de la propia región y que, en muchos casos, permanecen desconocidos por la comunidad científica internacional.

    Este problema, aunque se extiende a muchos otros campos de investigación, es si cabe más grave precisamente en uno de las áreas de especialización claves de la Antigüedad: la que se refiere a los distintos tipos de documentos y monumentos que conforman el patrimonio fenicio-púnico en Occidente, cuyo número se ve incrementado por los nuevos descubrimientos que aportan las excavaciones arqueológicas en diversos países.

   El resto de catálogos y compendios, con ser muchos, aunque meritorios y extraordinariamente útiles, no superan los ámbitos regionales, además de adolecer de los defectos lógicos de diversidad de criterios y arcos cronológicos dispares. Sería muy larga la lista de la bibliografía que interesa al proyecto y que será necesario tener en cuenta y sistematizar; incluye catálogos locales y regionales, memorias de excavaciones y, en general, cualquier publicación susceptible de aportar información sobre los correspondientes asentamientos.

    La inclusión de datos de muy diversa índole en un sistema interactivo publicado en INTERNET por medio de una WEB periódicamente actualizada, desde la que se puede acceder a otras páginas creadas según criterior más geográficos (Oriente, Occidente, N. de Africa) permite disponer de una plataforma de acceso a una ingente información que resulta así mejor clasificada, lo que aumenta su disponibilidad en la red, como valor añadido al conocimiento adquirido por vías tradicionales. La Base de Datos (en desarrollo) permite consultar referencias disponibles en la bibliografía y en las fuentes históricas, epigráficas y arqueológicas Por esta vía se puede aprovechar la enorme cantidad de referencias y material disperso en innumerables repertorios, catálogos, fondos de museos, colecciones e investigaciones y publicaciones.

  Nacido con vocación de llegar a convertirse en un portal de referencia obligada para los investigadores y todas aquellas personas interesadas en la temática, el proyecto, además de contar con las páginas elaboradas en el mismo, acoge también la información publicada en otros tantos sitios de la web, tanto si contienen información de índole general, como más específica y referente, en este caso, a sitios arqueológicos, materiales, museos, revistas especializadas, etc.

   Por sus propias características, aunque el proyecto ha disfrutado de unos años para su ejecución gracias a la financiación obtenida en la convocatoria de Proyectos de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico del año 2002, permanece abierto a la incorporación de los resultados que se van produciendo como resultado de la investigación del mundo fenicio-púnico en Occidente.

   Dada la enorme cantidad de información disponible, los resultados del proyecto se articulan en un sitio web principal (en el que se encuentra ahora) que contiene sobre todo temas de ámbito general,  y varias páginas web relacionadas: "Las Columnas de Melkart", dedicada a la colonización fenicia, cartaginesa en el lejano Occidente, "Qarthadasth, dedicada a Cartago y a la expansión cartaginesa, y "Os Fenicios em Portugal" (en construcción) dedicada muy específicamente a la presencia fenicia en tierras lusas.

La presencia fenicio-púnica en Occidente

Desde finales del siglo X o comienzos del IX a. C. según los hallazgos arqueológicos recientes de Huelva y La Rebanadilla, yacimiento próximo al aeropuerto de Málaga, los fenicios comenzaron a establecerse en el lejano Occidente, en torno a las Columnas de Melkart (Estrecho de Gibraltar), dando lugar a una expansión colonial que se convertirá en un fenómeno histórico de larga duración y amplia extensión geográfica, abarcando desde las Baleares, en contacto con el Mediterráneo central, a la costa de Portugal y, al otro lado de las Columnas hasta alcanzar la lejana Essaouira (Mogador), en la costa atlántica más meridional de Marruecos. En ocasiones, como en el litoral mediterráneo español, esta presencia colonial se extiende de forma muy capilarizada, desde la desembocadura del Segura hasta Cádiz, y presenta un patrón de asentamiento en el que los enclaves, muy próximos unos de otros, apenas distan unos pocos kilómetros entre sí.


La expansión fenicio-púnica en el Mediterráneo central y occidental

Los asentamientos arcaicos.
En muchos casos fueron necesarios unos conocimientos muy precisos sobre las posibilidades económicas y geoestratégicas de los distintos lugares, mientras que, en otros la primera ocupación del sitio responde a una cuidadosa planificación del hábitat, como se observa en algunos de los asentamientos de Vélez-Málaga y Torre del Mar (Málaga) tales como Chorreras, Morro de Mezquitilla el más antiguo de todos ellos fechado a finales del siglo IX a. C, y Toscanos. Parece claro que todos estos lugares no respondían únicamente a las necesidades del comercio, aunque en algunos se han encontrado almacenes, ni parecen haber sido fundados directamente desde Tiro u otro lugar de la costa de Fenicia.

Toscanos: un ejemplo de asentamiento fenicio arcaico en Occidente.
En Toscanos ubicado en Vélez-Málaga, el denominado “edificio C”, situado en medio de un entorno con un hábitat muy jerarquizado, sobrepasa por su arquitectura monumental y pública la de los edificios de almacén conocidos en Oriente y su estructura sugiere, además de la de almacenamiento, una función más compleja de tipo administrativo. En sus proximidades se levantan las mejores viviendas del asentamiento que se distinguen por su gran tamaño y elevado número de habitaciones. Consta, además, de un sistema defensivo compuesto de un foso de sección triangular y una fortificación avanzada en el vecino Cerro Alarcón, que empieza a ser ocupado desde mediados del siglo VII a. C. y en cuya cima se construye con muros de más de 1 m de espesor un edificio rectangular alargado, cuyo recinto interior se subdivide en dos estancias y cuyos suelos presentan escasos indicios de haber sido utilizados.

Una economía diversificada.
Los vestigios arqueológicos nos muestran una economía con una producción diversificada que aprovecha los recursos locales, con actividades pesqueras, obtención de púrpura, y explotación agrícola según revelan los análisis paleobotánicos. También se trabajaba en la metalurgia, que en muchos casos era una producción para el autoabastecimiento, y en otros estaba destinada al comercio del cobre y hierro. En La Fonteta fundada en la desembocadura del Segura a mediados del siglo VIII a. C., se ha descubierto un taller que contaba con una estancia destinada a triturar el mineral y otra a la fundición, en la que han aparecido más de una docena de pocillos rehundidos en el suelo, abundante escoria de cobre y hierro, tortas de este último metal, un fragmento de un molde para fundir hachas de apéndices laterales y una tobera vitrificada, todo ello en el espacio exiguo excavado hasta el momento.

El aprovechamiento de la sal fue asimismo de gran importancia, no solo para las salazones de pescado y la conservación de alimentos, sino también para la alimentación estival del ganado, compuesto de bueyes empleados para la tracción y con una presencia muy generalizada de cabras y ovejas, y su explotación en salinas se produjo en el entorno de sitios como La Fonteta o Almuñecar. Una especial importancia tienen las cerámicas ya que por un lado nos permiten a través de la vajilla doméstica (platos, cuencos, jarros, ollas) acercarnos a los usos del consumo y la dieta, y porque, por otra parte, la distribución de los recipientes utilizados como contenedores (ánforas, pithoi) dibuja un mapa de las relaciones económicas y comerciales.

Los territorios.
El patrón de asentamiento de algunos de estos enclaves fenicios indica un control de los territorios en que se establecen, que no permite considerarlos emporios o factorías aislados y en precario. En el Cerro del Villar fundado en una pequeña isla en la desembocadura del Guadalhorce a finales del siglo VIII a. C., un asentamiento fenicio arcaico muy próximo a Málaga que al parecer estuvo especializado en la producción agrícola y en la manufactura de cerámicas, se ha constatado la existencia de actividades agrícolas y ganaderas en unas tierras que no brindaban ninguna posibilidad de explotación metalúrgica mínimamente rentable, pero que muestran numerosos indicios de su aprovechamiento económico por los fenicios, Su control fue asegurado durante el siglo VII a. C. por algunos enclaves situados en tierra firme y mediante la subordinación y absorción de la población autóctona local presente en dos sitios cercanos, el Llano de la Virgen y la Loma del Aeropuerto, este último ocupado más adelante por población fenicia, algo que empieza también a vislumbrarse en otros lugares como Cerro del Mar y Morro de Mezquitilla. También en La Fonteta, la fortificación de Cabezo del Estaño ha podido cumplir una función de vigilancia y control territorial.


Presencia fenicia en la Península Ibérica

Aunque, en muchos casos los territorios controlados por los enclaves coloniales fenicios debieron ser pequeños, el modelo de agricultura intensiva diversificada que parece haber sido aplicado habría sido suficiente para asegurar el abastecimiento de la población colonial. Los análisis paleobotánicos procedentes de sitios como Cerro del Villar o Villaricos, el la desembocadura del Almanzora, muestran la presencia de cereales y un alto porcentaje de malas hierbas asociadas al cultivo cerealístico y sugieren un entorno donde abundaban los campos de cultivo y la realización de trabajos de trilla, cribado o tamizado del grano en el mismo asentamiento o en sus cercanías.

La sociedad colonial.
Tanto las necrópolis como el hábitat de algunos asentamientos fenicios arcaicos nos muestran una composición social heterogénea en la que destaca una élite que se entierra en las lujosas tumbas de cámara de Trayamar o en aquellas otras de Almuñecar y Lagos, y reside en grandes casas en Morro de Mezquitilla y Toscanos. Chorreras, por su parte, posee un hábitat espléndido con magníficas casas, por lo que pudiera constituir un núcleo arístocrático en un asentamiento que llegará a alcanzar grandes dimensiones. Las tumbas “aristocráticas” de Trayamar, que en cualquier caso no remontan más allá de comienzos del siglo VII a. C. sugieren un modo de organización del pequeño grupo social al que representan que contrasta con las prácticas funerarias presentes en otras necrópolis fenicias peninsulares, indicando además la posible diferencia de extracción social de las gentes que se entierran mucho más modestamente en sitios como Cerro del Mar.

Otro tanto podría decirse de la necrópolis de Jardín, situada al norte de Toscanos, junto a la orilla occidental del río Vélez, cuyos ajuares funerarios no presentan unas normas fijas, y en la que existe una gran variedad de estructuras y rituales. Esta necrópolis, que correspondería a la fase final de Toscanos, s. VI a. C., contrasta por su diversidad y por la riqueza de algunos de sus ajuares, aunque la mayor parte de las tumbas habían sido saqueadas antes de las excavaciones, con los enterramientos de Cerro del Mar, a la que se considera una de las antiguas necrópolis, entre finales del s. VIII y comienzos del VII a. C. de Toscanos.

En la necrópolis del Puig des Molins (Ibiza) se manifiestan durante la primera mitad del siglo VI a. C. diferencias significativas que atañen tanto al tipo de sepultura, con la aparición cada vez más numerosa de fosas, como a los rituales, con prácticas más elaboradas que incluyen la ofrenda de un animal, la colocación de una lucerna sobre las brasas ardientes, rotura ritual de vajilla y libaciones. También hay diferencias en los ajuares, desde las tumbas más pobres, sin ningún ajuar o con una sola ampolla de aceite perfumado a las más ricas que pueden contener un kantharos de buchero etrusco.

El contacto con la población autóctona.
Los contactos entre los colonos fenicios y la población local fueron tempranos. Algunos autóctonos fueron incorporados, sin duda, a los enclaves fenicios como fuerza de trabajo, y algunos fenicios no encontraron problemas para instalarse en un poblado indígena, como los que presumiblemente se enterraron en Les Moreres, necrópolis del asentamiento orientalizante de la Peña Negra en la Sierra de Crevillente (Alicante), procedentes seguramente de La Fonteta. El acercamiento y la integración entre unos y otros se llevó a cabo mediante pactos y alianzas reforzados con la creación de vínculos de carácter social y político, por medio de la adopción o los matrimonios mixtos, como no fue raro en otros lugares del contexto colonial fenicio.

En ocasiones la presencia de población autóctona en el entorno más cercano no se produce hasta la instalación del enclave colonial en la costa, como se observa, por ejemplo, en el curso medio y bajo del Guadalhorce o en el litoral occidental de Málaga, y a veces, como sucede en el resto de la costa malagueña o en el tramo de la desembocadura del Almanzora, coincidiendo con la segunda fase colonizadora en el siglo VII a. C. Precisamente en zonas donde la influencia de la arquitectura y el urbanismo fenicio sobre los autóctonos será más tardío y superficial.

En Montemolín (Marchena, Sevilla) han salido a la luz, junto a una vivienda fenicia, restos y plantas de edificios (c y d) que tienen su origen en Siria y Fenicia, con gran desarrollo en los siglos VIII-VII a. C. Un análisis minucioso del registro arqueológico y el estudio faunístico realizado ha permitido identificar uno de ellos, el denominado edificio D, como parte de un centro ceremonial en el que se llevaban a cabo ofrendas y sacrificios. Por otro lado, la iconografía orientalizante de las cerámicas policromas de este yacimiento se ha considerado propia de individuos que, pese a su ascendencia foránea, llevan viviendo largo tiempo en la Península. Todo hace pensar en un grupo de población fenicia que reside en el asentamiento.

Hallazgos en Carmona como el recinto ceremonial excavado en el solar de la casa-palacio del Marqués de Saltillo, ubicado en el barrio más próximo a la necrópolis de la Cruz del Negro, sugiere por la riqueza y profunda simbología de sus materiales, la presencia de una comunidad oriental afincada en el lugar, por lo que no extrañará que algunas de las cerámicas “orientalizantes” encontradas hayan sido atribuidas, a partir del análisis iconográfico y estilístico, a una producción fenicia de ámbito colonial.

Intervenciones arqueológicas en el Cerro de San Juan en Coria del Río (Sevilla), han sacado a la luz sectores de un santuario oriental, altar de lingote chipriota o “piel de toro” incluido, y viviendas adyacentes que formarían parte de un barrio fenicio ubicado en la Caura tartésica, por aquel entonces situada junto a la paleo desembocadura del Guadalquivir. Otro tanto puede decirse de las recientes excavaciones en el Carambolo (Camas, Sevilla) lugar del hallazgo del famoso tesoro, que han revelado recientemente la existencia de un santuario de Astarté que llega a alcanzar una gran complejidad y a ocupar un área muy extensa durante sus cuatro frases de desarrollo, que comienzan en algún momento entre finales del siglo X y el último cuarto del siglo IX a. C.

Otro santuario de cariz oriental se conoce desde tiempo atrás en Cástulo (Jaén), donde también se ha detectado posibles evidencias de mestizaje así como un ritual funerario de tradición semita en la selección de los objetos del ajuar para ceremonias de libación, combustión de esencias y ofrendas, que también aparece en muchos enterramientos de las necrópolis “orientalizantes”. Finalmente el santuario oriental de Castro Marím y la posible existencia de otro en Tavira vienen a sumarse a esta lista.

El conjunto arquitectónico de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Cáceres), aunque más tardío, responde igualmente a concepciones y técnicas orientales, lo cual sugiere un contacto estrecho y permanente con los fenicios, sino una participación directa de éstos en su construcción.

La transformación en ciudades.
Muchos de estos asentamientos son pequeños enclaves que no poseen templos, ni otra clase de edificios públicos, con la excepción del “almacén” de Toscanos. No proporcionan inscripciones, ni tienen grandes necrópolis, sino pequeños grupos de tumbas que contrastan fuertemente con las que conocemos en Ibiza, Cádiz, Almuñecar o Villaricos. De hecho, el único que podemos considerar como una ciudad en este periodo es La Fonteta (además de Gadir). El resto corresponde a un patrón de urbanismo de pequeñas o medianas dimensiones que va a experimentar, durante el periodo arcaico, una serie de transformaciones que les convertirán en núcleos urbanos mayores y más densos.


El crecimiento demográfico y urbano.
Desde mediados del VII a C., los enclaves existentes aumentaron de tamaño, al tiempo que desde algunos se lleva a cabo la ocupación intensiva de los territorios próximos con la aparición de pequeños poblados. También se crearon nuevos asentamientos en zonas más alejadas como Ibiza (Sa Caleta), Portugal (Abul y Santa Olaia) o Marruecos (Mogador) y el comercio llevó las importaciones fenicias a el litoral de Cataluña y el sur de Francia. Luego, durante el siglo VI a. C. algunos enclaves se abandonaron, como el Cerro del Villar, con cambio de emplazamiento incluido, y se produjo una reestructuración integral de la población, con el consiguiente crecimiento de lugares como Malaka, que alcanzan la categoría de ciudades. Otro tanto ocurrió en Baria (Villaricos), Sexs (Almuñecar) y Abdera (Adra).

Las ciudades fenicias de Occidente
Esta expansión de los fenicios occidentales, con la ampliación y dinamización de los intercambios y la ocupación de nuevos territorios, fue paralela al proceso de consolidación de las aristocracias fenicias, que dio también origen a las ciudades tras una reorganización del poblamiento colonial. Precisamente las ciudades que se forman y consolidan durante este periodo, siguen estando hoy habitadas, lo que hace su conocimiento arqueológico muy difícil. Los territorios coloniales, dependientes en un principio de los templos y las ciudades más antiguas, como Gadir, con su posible extensión al otro lado de la bahía en Doña Blanca, y Lixus, fundadas según los textos antiguos en torno al 1100 a. C., y La Fonteta, sufren en esta época una restructuración protagonizada por una elite fenicia que se beneficia de una intensificación y ampliación de la explotación de recursos y de la dinamización de los intercambios comerciales, que generaban la riqueza en el ámbito colonial.

Asímismo, algunos elementos nuevos que progresivamente se introducen en el registro arqueológico, como los hipogeos y tumbas de fosa con predominio del rito de la inhumación, cerámicas con formas más funcionales y decoración más sobria, sin el típico barniz rojo de las cerámicas fenicias precedentes, lucernas más cerradas y pequeñas, terracotas, máscaras, pebeteros, huevos de avestruz, objetos todos ellos con sus claras correspondencias en Cartago y el N. de Africa, han hecho pensar en influencias púnicas cuyo alcance no es fácil precisar. Tales influencias se aprecian ahora en la necrópolis de Jardín así como en Villaricos (Almería) e Ibiza.

La expansión cartaginesa.
Sabemos por Aristóteles, bien informado sobre el tema, como demuestra su conocimiento de la constitución de Cartago, a la que dedica un detallado análisis, que los cartagineses acostumbraban a librarse de las discordias civiles enviando su sobrante de población a las colonias. Pero ¿cuáles eran esas colonias?. Aparte de Ebussus, los escritores del mundo antiguo suelen mencionar los emporios cartagineses, tanto en las costas de Africa como en las de Europa, pero casi nunca se refieren a una apoikia, la palabra griega que define una fundación colonial.

Los dos primeros tratados firmados entre Cartago y Roma en la Antigüedad, y conservados para nosotros por Polibio, pueden arrojar algo de luz al respecto. En el primero concluido en el año 509 a. C. no se hace mención alguna a colonias cartaginesas, sino a los aliados de Cartago, y tampoco se hace referencia explícita a la Península Ibérica. El segundo, firmado en el año 348 a. C., tampoco menciona colonias cartaginesas, pero Cartago se permite en él hablar en nombre de la vecina ciudad fenicia de Utica y de los “tirios”, además de limitar la presencia de los romanos y sus aliados más allá de Mastia de Tartessos, a la que se suele identificar con el sitio de la posterior Qarthadasht ibérica, cuentión esta tampoco exenta de polémica.

 Estos tratados demuestran, por otra parte, que Cartago se ha ido convirtiendo en un potencia naval capaz de ejercer su hegemonía, cuyo carácter ha sido objeto de debate, en el Mediterráneo centro-occidental, hasta el punto de permitirse hablar en nombre de otros, al frente de un conglomerado de ciudades con intereses afines en el comercio marítimo.

Cartago y el Occidente.
A mediados del siglo VII a. C. los cartagineses habrían fundado una colonia en Ibiza de acuerdo con un texto bien conocido de Diodoro de Sicilia, momento en que para la historiografía tradicional comenzaba el verdadero interés de Cartago por Occidente, con el fin de arrebatar sus riquezas a sus competidores griegos. Pero las intervenciones arqueológicas en la isla han mostrado la existencia de una presencia fenicia previa seguramente gentes procedentes de Gadir, de los enclaves fenicios de la costa malagueña, o de La Fonteta.

Siglo y medio después, hacia mediados del VI o más bien en su segunda mitad, la presencia cartaginesa en Ibiza resulta bien detectada en los rituales funerarios y los objetos que contienen los ajuares de las tumbas de la necrópolis de Puig des Molins, así como en las terracotas del santuario de Isla Plana. Y todavía un siglo después, esta presencia cartaginesa se extiende por la isla en una colonización agrícola que la salpica de pequeños asentamientos rurales, como el de Ses Païses (Cala d`Hort) y deja sus rastro en las representaciones de la diosa Tanit halladas en la cueva-santuario de Es Cuyram, al norte de la isla.

Según toda la documentación arqueológica disponible parece bastante claro que gentes procedentes de Cartago se establecieron, a lo largo del siglo VI a. C, en muchas de las ciudades fenicias peninsulares, como Ebussus, Gadir, Malaka, Sex (Almuñecar) o Baria (Villaricos) y que desde el siglo V, pero particularmente en el IV a. C., ejercieron una notable influencia cultural sobre los iberos del Sudeste y Levante peninsular, para los que incluso llegaron a construir algunos pequeños recintos amurallados en lugares estratégicos.

 Pero esta presencia no se limitó solo a la actividad de los comerciantes y mercaderes venidos desde el Norte de Africa. Como en Ibiza, poseemos buenos datos arqueológicos de una presencia cartaginesa en asentamientos rurales de la provincia de Cádiz desde el siglo V y durante el IV a. C., destinada a la explotación de algunos recursos locales, como el aceite. Lo que nos recuerda una noticia trasmitida en la Antigüedad por Justino que menciona que los cartagineses habían convertido el territorio de Gadir en una provincia de Cartago a cambio de la ayuda militar prestada en un conflicto contra las vecinas poblaciones autóctonas. Asentamientos rurales de este carácter se han localizado también en Ciavieja y El Pajarraco, ambos en Almería.

La conquista Bárcida.
Como consecuencia de su derrota tras la primera guerra contra Roma, los cartagineses perdieron Sicilia y Cerdeña, su flota de guerra y, por supuesto, los medios por los que habían mantenido durante siglos la hegemonía marítima en el Mediterráneo centro-occidental. Amílcar llega a Iberia y desembarca en Gadir, no para llevar a cabo una guerra de revancha como la vieja corriente de pensamiento romano nos hace creer, sino porque ya no existe otra posibilidad de controlar los recursos de la Península que Cartago necesita.

Significativamente empezamos a encontrar ahora hallazgos de moneda, de buena moneda de plata cartaginesa, y los textos antiguos, ahora sí, hablan de las conquistas de Amílcar y Aníbal. Pero más significativamente aún, las conquistas van acompañadas de la fundación de nuevas ciudades o la conversión de núcleos urbanos preexistentes en colonias cartaginesas, Akra Leuke (¿Alicante?), Qarthadast (Cartagena), la misma Sagunto tras su derrota, Barcino (Barcelona), Magón (Mahón). Una actividad muy intensa desarrollada en un periodo de tiempo no muy dilatado.

En la Iberia Bárquida las ciudades fenicias gozaron del estatuto de aliados y de independencia política y administrativa. Para asegurar el dominio cartaginés se procedió al traslado de africanos a la Península mientras que contingentes de iberos eran enviados al N. de Africa, a fin de reforzar su fidelidad y eficacia militar, desvinculándolos así de sus lugares de origen. La instalación de estas tropas, con un componente líbico-bereber y numida acusado, buscaba proporcionarles una forma de subsistencia en los periodos de desmovilización, por lo que fueron convertidos en colonos militares a los que se asignaba una tierra, a cambio de sus servicios cuando les fueran requeridos. Así aparicieron y se potenciación un determinado número de núcleos urbanos, Arsa, Lascuta, Turricina, Iptuci, Vesci, Bailo, Olba y Asido, que emitieron moneda con leyendas en el alfabeto denominado “libiofenicio”. Eran gentes africanas reclutadas por los cartagineses y parcialmente punicizadas que se asentaron en territorio bástulo, en la región situada en torno al Estrecho de Gibraltar. Además de los campamentos militares situados en torno al Guadalquivir y guarnecidos por jinetes numidas, otros contingentes de africanos fueran asentados en la región de Cádiz y sur de Extremadura, en un régimen similar al del colonato militar.

Alarmada por el éxito de su progresos en Iberia, Roma envió una delegación para entrevistarse con Asdrúbal, el yerno de Amílcar, que tras su muerte le había sucedido en el mando. La entrevista tuvo lugar en la Qarthadast de Iberia, fundada por el mismo Asdrúbal en uno de los mejores puertos naturales de la costa. El resultado fue el Tratado del Ebro firmado en el 226 a. C., que consolidaba las conquistas cartaginesas y daba vía libre para proseguir hasta alcanzar el río. Muerto Asdrúbal el posterior ataque a Sagunto por Aníbal precipitó la segunda guerra contra Roma. En el 218 a. C., caía Sagunto ante el ejército de Aníbal y al poco daban comienzo las hostilidades.

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